No voy a contar lo que son los Miguelitos, porque todos, alguna vez, hemos parado en La Roda a desayunar en el bar "Juanito " y a comprar el citado dulce.
Por razones más que obvias, yo en casa no puedo hacer un hojaldre tan fino como el de las confiterías del pueblo manchego; pero, en mi opinión, y a salvo el mejor criterio de los degustadores, están bastante buenos.
La receta la encontré fisgando por esos blogs de internet, pero no recuerdo cual.
Y como anécdota, ayer tuve cena de amigos y los lleve de postre; y mira tu por donde que una de las invitadas al evento era.... de ¡ La Roda¡ el mundo es un pañuelo.
LOS INGREDIENTES
- Hojaldre refrigerado de supermercado ( el mío, como siempre del LIDL); no me gusta el congelado.
- Crema pastelera para rellenarlos ( la mía hecha en la termomix)
- Azúcar glass.
LA PREPARACIÓN.
1.- Precalentar el horno a 220º.
2.- Desenrollar la masa de hojaldre e ir cortándola en cuadraditos o rectángulos; forrar la bandeja del horno con papel de horno e ir poniendo los cuadraditos de masa; el tiempo hasta que el hojaldre se hinche y se dore.
3.-Sacar del horno y dejar enfríar; después cada hojaldrito, con cuidado se parte por la mitad y se rellena de la crema pastelera.
4.- Espolvorear con abundante azúcar glass y meter en la nevera hasta que se vayan a comer.
5.- Clásico imprescindible.
domingo, 30 de octubre de 2011
sábado, 8 de octubre de 2011
BUÑUELOS DE HOJALDRE
Soy muy afortunada de tener dos familias: una la que me ha tocado por nacimiento; y otra, la que yo he elegido que son mis queridísimos amigos los Pacheco del Arco y los Galindo del Arco; ni a a la familia de nacimiento ni a la de elección la cambiaría por nada del mundo; las dos son de lo mejor de lo mejor.
Hoy sábado he estado celebrando mi cumpleaños con la familia de elección: nos hemos apretado una fabada que, han dicho, estaba rica.
Y con los cafeses ha habido la receta que os dejo: unos buñuelos hechos con hojaldre; nada más fácil, pero muy rico no ha quedado ni uno; la fuente: un recetario recibido por correo electrónico de Nestlé. La receta es muy muy fácil y los buñuelos están exquisitos
LOS INGREDIENTES:
- Masa de hojaldre de la que compramos en el supermercado
- azúcar glass ( el mío aromatizado con cáscara de naranja)
LA PREPARACIÓN:
1) Extender el hojaldre y cortar con un cortapastas en círculos pequeñitos; si no tenéis cortapastas se puede hacer con un vaso o una taza.
2) Una vez cortados, freir en abundante aceite; yo los dulces los frío con aceite de girasol; el hojaldre se hace enseguida y se hincha.
3) Cuando estén fríos, se espolvorean con azúcar glass; el mío estaba aromatizado con un poco de corteza de naranja.Ya están listos
viernes, 23 de septiembre de 2011
CRÓNICAS CULINARIAS DE UN PUEBLO MANCHEGO
Si de cocina y de comer se trata, no hay más remedio que escribir un post sobre el pueblo manchego al que me refiero en el título; lugar que asocio a mis primeros recuerdos gastronómicos, que no cambiaría por nada, ni siquiera por una comida en El Bulli, dicho sea esto con toda mi admiración al gran Adriá.
Me refiero a Tarazona de la Mancha, provincia de Albacete y el lugar donde nació mi abuelo materno,Santiago.
Para que os situéis: cuando no había autovía y para ir a Alicante había que pasar por La Roda, un poco más adelante del Bar Juanito (lugar de parada obligatoria para desayunar) a la izquierda,estaba la desviación para Tarazona.
Este pueblo tenía su río, el Reato, su iglesia, su plaza.... y la casa de la Tía Enriqueta, "hotel" cinco estrellas donde mi familia se alojaba en sus visitas, generalmente coincidiendo con la feria y en ocasiones en temporada de matanza.
Esto no se si es verdad o leyenda, pero me dicen que una de las primeras palabras que aprendí o que me enseñaron en mi infancia es "tajada", en versión tarazonera "tajá"; parece que cuando en Tarazona, me preguntaban " ¿que quieres comer?" la que escribe estas líneas, con su lengua de trapo respondía " tajá, tajá".
Como todo hotel de cinco estrellas en Tarazona, la casa de la Tía Enriqueta tenía un corral con sus gallinas y sus cerdos. Y la cocina de la casa tenía una puerta por la que se salía al corral; como si fuese hoy me acuerdo de mi abuela Matilde saliendo al corral, coger una gallina, darle matarife (yo en esta parte no solía estar presente, me daba yuyu) y sentarse en una banquetita a desplumar al ave; y yo a su lado viendo la operación como hipnotizada; y el pollo del corral a la cazuela, sin intermediario alguno.
La casa tenía para mí dos sitios especialmente atrayentes: el primero, la cámara en la parte superior, enorme, donde estabas colgados los jamones; ¡ que olorcito¡
El otro lugar era la despensa, una habitación pequeñita y estrecha, con baldas colgadas en las dos paredes; entrar en la misma y que se te revolucionaran las papilas gustativas y el sentido del olfato eran todo uno; un "mix" de olor a magdalenas caseras, a chocolate, a alguna orza que siempre había con chorizos, morcillas, costillas adobadas, a las sobras de la comida del mediodía, a pan de los que se hacían en horno de leña; vamos, todo un festival de olores y sabores; solo de acordarme se me hace la boca agua.
En este pueblo de La Mancha, hay otros dos sitios que ahora me vienen a la mente, por supuesto relacionados con esto del comer: una carnicería, en la misma calle que nuestro hotel cinco estrellas, donde el día de la marcha a Madrid se compraban kilos y kilos de chuletas de cordero; y una confiteria pequeñita que había en la plaza, y adonde íbamos a comprar " los chambis" ( helados, en dialecto tarazonero)
1.- Momento magdalenas: en la feria, mes de agosto, en nuestro hotel cinco estrellas se hacían cientos y cientos de magdalenas; y claro, Ikea no existia y no se podían comprar esos moldes de papel tan cucos que encontramos ahora; así que siempre había un día en que todas las mujeres de la casa, incluida yo, nos poníamos a hacer con un papel blanco, cuyo nombre no recuerdo, los moldes de las magdalenas, para luego, hornearlas; aquello me resultaba de los más divertido y aunque hice unos cuantos moldes con mis manos, ahora mismo no sabría ni como empezar a doblar el papel. Estaría en cantada de que alguien me lo recordara;Y las magdalenas, caseras todas ellas, estaban " de muerte" y con una onza de chocolate ni os cuento.¡ ah¡ y los moldes..... ¡ monísimos ¡
2.- Momento matanza: pues si señores, para mi, niña de seis o siete años, criada primero con biberones y luego con "tajás", era toda una fiesta y una cabalgata anticipada de Reyes Magos, ese día en el que, desde nuestro pueblo de La Mancha, empezaban a desfilar por el pasillo de mi casa ( bastante largo, por cierto) las orzas con la matanza: chorizos, morcillas, costillas y lomo en aceite, además de una buena ristra de salchichones; en ese momento, no podía entender como la familia de Tarazona, cuando venía a casa con tan preciado tesoro, prefería comer pescado, con lo que había en las orzas; con estos antecedentes ya se por qué no me gusta el caviar.
3.- Y el último: momento bocadillo de morcilla; hace ya muuuucho tiempo, cuando nadie tenía casa en la sierra cercana a Madrid para ir los veranos, quien esto escribe, iba en el mes de agosto por las mañanas al Parque del Retiro, en una zona cercana a La Rosaleda, en donde estaba el busto de don Benito Pérez Galdós, hoy ya trasladado de sitio; siempre había bocadillito de media mañana ¿ y cual era esa merienda mañanera? ¿ bollycaos? ¿donuts? o quizá ¿tigretones?: nada de eso, había bocadillo de morcilla de Tarazona, con sus piñoncitos. un auténtico manjar; y no me padecí ni de obesidad ni de colesterol.
Ahora que ya casi todo se puede comprar en los supermercados listo para darle un calentón de microondas, sin necesidad de cocinar, "las tajás", las orzas, las magdalenas de antaño y el "hotel cinco estrellas" de la Tía Enriqueta, bien se merecen este poquito de literatura.
martes, 30 de agosto de 2011
TODO ESTUVO REBUENO
"Estar rebueno": expresión usada en Chile para indicar que algo que has comido te ha gustado.
Mis vacaciones de este año en Chile han sido intensas es todos sus aspectos, pero en este modesto rincón dedicado a la cocina me voy a referir sólo a los aspectos gastronómicos.
He descubierto en Chile que don Pablo Neruda , además de escribir acerca del amor, también hizo poesía de la cocina: buena muestra de ello son sus odas al tomate, a la cebolla, a la alcachofa, al vino y al caldillo de congrio (plato tradicional chileno cuya receta nos ha legado el gran poeta a ritmo de verso).
Por ello, dado que un grande de la literatura ya ha hecho poesía gastronómica, yo me quiero limitar en estas líneas a hacer un poquito de prosa.
Y ciertamente en Chile, "todo estuvo rebueno"; gracias a mis queridos amigos, la familia Pizarro Rodriguez, he tenido la fortuna de haber podido degustar una gran cantidad de platos tradicionales chilenos: la empanada chilena auténtica (con su rodajita de huevo cocido y su aceituna negra con hueso), el pebre, la cazuela de vacuno, el congrio rosado, la carbonada, la humita, el pastel de choclo (de maíz), el pastel de papas, otro pastel, creo que era de cangrejo (no me acuerdo del nombre), los asados (por Dios, por Dios que carne), la leche asada, el manjar, los alfajores, los celestinos, la albacora (nuestro pez espada), el vino, el pisco sour, la chorrillana, el completo a la italiana; y seguro que alguno más del que me estoy olvidando.
Soy de la opinión de que la cocina es vida y de que, por ello, hay que cocinar mucho; y en la cocina de mis amigos , durante quince días, sus fogones y cacerolas han estado a pleno rendimiento, siempre con color chileno, con algún que otro retazo español (hicimos unas palmeritas de chocolate, croquetas, torrijas y patatas a la riojana, por eso de la nostalgia de la patria)
Por todo ello, no puedo más que agradecer a los Pizarro Rodríguez el haberme permitido volver a España con la maleta llena de aromas, olores y sabores y unas cuantas nuevas recetas en mi cuaderno.
Como conclusión, la lista de los mejores momentos culinarios:
1.- Esa empanada chilena auténtica, degustada recién salida del horno, calentita, camino del Cajón del Maipu.
2.- Ese completo italiano compartido con Javier en el bar "Dominó": calórico pero inolvidable.
3.- Dimos a probar una torrija a un vecino de mis amigos, español: su cara cuando se llevó la torrija a la boca, como la de Santa Teresa, en uno de sus momentos de éxtasis, no tuvo precio
4.- La cena compartida con una familia chilena que celebraba una primera comunión, seguida de las canciones de Pitingo y Alejandro Sanz
5.- El pisco sour preparado por Coca y ese momento "aperitivo de chicas" con el pisco, patatitas fritas y unas cuantas risas y confidencias.
6.- Los comentarios de Dani acerca del manjar y los alfajores.
7.- La clase de cocina con Miguelina, que me enseñó a preparar su receta de postre a las tres leches.
8.- Las patatas a la "criollana" (las riojanas de toda la vida hechas con chorizo criollo) preparadas al alimón con Javier en olla de barro chilena y de las que dimos buena cuenta en la cena, con un par.
9.- El vino Tarapacá, reserva, uva merlot
10.- El último, no por ello el menos importante, pero sí el más tierno: la tarde en la que Andrés el hijo menor de la familia, seis años, se presenta en la cocina con un libro de recetas de cocina para niños y me dice: "Elena, que te traigo este libro para que te lo leas y que después cocinemos una receta juntos"; para comérselo.
Dejo unas fotos muestra de lo que os acabo de contar.
domingo, 26 de junio de 2011
PAELLA VEGETARIANA
Pues ya ha llegado el verano y comienzan durante el mes de julio los fines de semana veraniegos, en los que mi madre se dedica a cocinar todas, toditas sus exquisiteces. Y esta paella es la que comimos ayer, estaba francamente buena. Lleva bastante verdura; no vienen cantidades exactas de cada verdura; podéis prepararla con la cantidad que os guste; eso sí: cuanto más verdura, menos cantidad de arroz, cosa que siempre agradecen los "michelines".
No se la procedencia de la receta; simplemente estaba escrita en uno de los cuadernos de mi madre.
LOS INGREDIENTES ( para unas cuatro personas):
- Alcachofas.
- Espárragos verdes.
-Judías verdes.
- un tomate picadito, con la piel.
-Caldo de verduras.
- ajo, perejil, azafrán y sal.
- 4 tacitas de café de arroz.
LA PREPARACIÓN:
1) En una cazuela baja echamos un poco de aceite y se ponen a dorar un poco las alcachofas (el corazón), las judías verdes y los espárragos troceados y el tomate en trocitos. Si es necesario se añade un poco más de aceite.
2) Se añade el caldo de verduras y se deja hervir unos 2 o 3 minutos; a continuación se añade una picada de ajo y perejil.
3) Se incorpora el arroz a la cazuela en forma de cruz y se reparte; se deja cocer el arroz a fuego fuerte unos 5 minutos; después se baja el fuego y se continúa la cocción durante más o menos 20 minutos, hasta que se vea que está hecho
3) Se incorpora el arroz a la cazuela en forma de cruz y se reparte; se deja cocer el arroz a fuego fuerte unos 5 minutos; después se baja el fuego y se continúa la cocción durante más o menos 20 minutos, hasta que se vea que está hecho
sábado, 14 de mayo de 2011
martes, 10 de mayo de 2011
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